Luego de una agitada semana, los grupos patriotas encabezados por Manuel Castelli y Cornelio Saavedra logran imponerse a los miembros del Cabildo y fuerzan la renuncia de Baltasar Cisneros, primero al cargo de virrey, y luego a la presidencia de una efímera junta de gobierno designada el día anterior.
Tras una ardua votación queda establecida la que, para simplificar, con posterioridad fue conocida como Primera Junta, pero que en su momento fue denominada «Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII».

Con sede en el Fuerte de Buenos Aires, la junta de nueve miembros presidida por Saavedra funcionó hasta el 18 de diciembre de ese año, cuando con la incorporación de los delegados de varias ciudades del virreinato, se conformó la llamada Junta Grande.

Con sus diferencias, decisiones, vacilaciones, enfrentamientos y oscilaciones, la junta de Buenos Aires fue la única de las expresiones autonomistas americanas de la época que pudo resistir con éxito la reacción absolutista y el asedio de los ejércitos españoles, convirtiéndose en baluarte de la emancipación americana y en una inspiración fundamental de las guerras de la independencia.

Así, la Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino, sin una proclamación de independencia formal. Fernando VII había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar había sido ocupado por el francés José Bonaparte, y la aparente lealtad hacia él es considerada en la actualidad como una mera maniobra política, que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios.

La declaración de independencia de Argentina tuvo lugar posteriormente, el 9 de julio de 1816. ¿Cuáles fueron las causas externas? Se dice que los ideales revolucionarios extranjeros, pues aunque la difusión de dichas ideas estaba muy restringida en los territorios españoles, igualmente se difundían en forma clandestina. La declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776  y los ideales de la Revolución francesa de 1789 sirvieron como ejemplo para los criollos: les hicieron creer que una revolución e independencia en Hispanoamérica era posible y que era correcto defender los derechos de propiedad y libertad. Además, la coronación en España de José Bonaparte sembró dudas sobre la legitimidad de la autoridad virreinal.

Sea como sea, durante la mañana de ese 25 de mayo, una gran multitud comenzó a reunirse en la Plaza Mayor, liderados por Domingo French y Antonio Beruti. Se reclamaba, entre otras cosas, la renuncia definitiva del virrey y la formación de una junta de gobierno. La gente comenzó a agitarse, reclamando con entusiasmo, y la multitud parecía aumentar y enfurecerse. El Cabildo se reunió y reclamó que la agitación popular fuese reprimida por la fuerza, pero no tuvieron éxito.

Las consecuencias de esta revolución fueron diversas, pero en parte se condensan en la idea de que, en ausencia de las autoridades legítimas, el pueblo tenía derecho a designar a sus propios gobernantes. Así, de manera lenta y progresiva, Argentina se acercaba poco a poco al sistema republicano como forma de gobierno.

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